A un Messi de la tercera

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Si la gloria en Qatar sirvió para confirmar que somos muy buenos pateando una pelota, también sirve de ejemplo. Messi es “el” ejemplo. Fue campeón del mundo a pesar nuestro: en este ispa, cabe recordarlo, varias veces le pateamos en contra (se le llegó a cuestionar que no cantaba el himno: argentinidad al palo, pelotudez atómica). Por eso, es el mejor ejemplo para cualquier pibe, piba: eso de seguir, de intentarlo, de perseguir el sueño pese a las dificultades, de no bajar los brazos.

Leo en un momento los bajó (lo cansamos) y renunció a la Selección, pero al toque volvió (¿quién hubiera vuelto? Yo no hubiera vuelto). Se la bancó, nos bancó, tragó saliva, “fracasó”, luchó, se la jugó otra vez y triunfó. Pero lo más importante, lo valorable, es ese nunca dejar de intentarlo. Ahí está su máximo triunfo. Su ejemplo. ¿Que si no hubiera logrado el Mundial muchos le habrían caído encima? Muy posiblemente. Así somos. Pero esto, esta Copa, no debe cambiar el fondo de la cuestión, la mejor lección que dejó el mejor del mundo: intentarlo siempre.

Messi y la Copa (afp)Messi y la Copa

Pasó un mes y, sí, parece mentira: somos campeones del mundo. Lo soñamos, lo gritamos, lo gozamos, lo disfrutamos, lo festejamos y, sobre todo, nos reencontramos: cinco millones de argentos en las calles, en la celebración más grande de toda nuestra historia. Y todo por el bendito fútbol. ¿Es impresionante para un país de 45 millones que cinco millones se movilicen por el fútbol? ¿O es preocupante? ¿Es brillante? ¿O es algo alarmante? Quien sabe. Lo concreto es que pasó un mes y, aunque parezca mentira, es muy cierto: los argentinos somos campeones del mundo.

Tan cierto como que mañana la pobreza seguirá subiendo y el desempleo aumentando y el dólar trepando; tan cierto como que, gracias a Messi, Scaloni y Cía., un día homenajeamos a nuestros abuelos (la abuela, lalalalala), tan cierto como que varias generaciones pudieron ver algo que jamás habían visto y podrán contárselo a otras generaciones; tan cierto como que Qatar ya quedó grabado a fuego en nuestra memoria: la canción “Muchachos”, el “qué mirá’ bobo”, los tatuajes (de los propios jugadores y de los hinchas), tantos cumpleaños de grandes y chicos festejados a lo Messi con la Copa.

Pasó un mes. ¿Cuánto nos cambia la vida el triunfo de 26 muchachos que nacieron en un mismo país que, casualmente, es el nuestro? Difícil saberlo. Mañana, el despertador seguirá sonando para ir a laburar: la historia eterna. Mañana, el poster de esos 26 muchachos seguirá colgado en la pieza de nuestros hijos: la gloria eterna.

Messi eterno. (AP Photo/Francisco Seco)Messi eterno
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